domingo, agosto 11, 2013

ana pérez cañamares




Autovía de cuatro carriles: Edward Hopper


ana pérez cañamares
alfabeto de cicatrices

Última residencia

Si llegamos a viejos
nuestros amigos, tú y yo,
apenas habrá nadie para cuidarnos.
Procrearnos no entraba en nuestros planes.
Somos una raza de elegidos
para extinguirnos.
Dinosaurios mirando el cielo.

Yo aporto una flor a este ramillete
escaso de nuestros hijos. Pero ella
-lo entenderá pronto-
no será suficiente. Bastante tiene
con administrar su herencia de sangre.

La tristeza siempre tienta.
La tristeza es una varita de incienso
encendida en la habitación de al lado.
Sinuosa y volátil
va y viene a su antojo
con el derecho que le da su renta antigua.

Cuando sale por la puerta yo tengo un sueño.
Nuestros amigos, tú y yo
en una ciudad junto al mar
compartiendo casa como quizá
lo habrían hecho nuestros hijos.
Igual que ahora nuestras preocupaciones
nuestra lecturas
o nuestro sentido del humor
se complementarán nuestras dolencias.
En  mi sueño le describo la playa al que ha perdido
                                                          la vista
alguien empuja mi silla de ruedas
por el paseo marítimo
mientras voy recogiendo en mi regazo
los recuerdos que a otro se le van cayendo del bolsillo.

Festejamos los mismos chistes
vemos viejos partidos de fútbol
tú cocinas para todos, como ahora.
Si alguno de los dos tiene que olvidar algo
prefiero olvidar tu risa
y que tú mantengas en la memoria tus recetas.
Reconoceré cada uno de tus guisos
con un estupor ya viejo
y cuando rías al ver cómo me relamo
adoptaré cada risa tuya como a un niño nuevo
que aumentará nuestra familia numerosa.


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